Por Héctor Artiles. /176-Francisco José Teodoro Obregón
Cuando conocí personalmente a Teodoro Obregón ya había pasado mucho tiempo y agua sobre y bajo los puentes.
Tuve el honor de formar un "infield" envidia de los otros equipos jugando Softbol Master: Teodoro Obregón era el campo corto, Juan Francia la segunda base, Víctor Davalillo con sus mil quinientos cinco imparables a cuesta era el inicialista y yo, tratando de cubrir la esquina caliente mientras Ramón Corro convencía a Dámaso Blanco de esa responsabilidad.
Teodoro Obregón un caballero muy educado imagino siguiendo los cánones de sus padres y mayores; la fórmula segura para obtener un producto de calidad. Cuando le conocimos por los años sesenta jugaba con Industriales de Valencia; haciendo pareja con Gustavo Gil alrededor de la segunda base, una especie de extensión del trabajo que ambos realizaban en la vieja franquicia de Los Rojos de Cincinnati.
Teodoro jugó 18 años en ligas menores en Estados Unidos, un caso insólito de constancia y mala suerte, a pesar de ser uno de los mejores jugadores del cuadro interior de su época no logró el grado por su pobre aporte ofensivo, la herramienta más importante para llegar a las grandes ligas.
Tuvo enormes escollos que le retaron en competencia durante toda su carrera: Pete Rose, Cesar Tovar, Atanasio Rigal Pérez, Gustavo Gil, Tommy Helms, Hiraldo ^Chico^ Ruiz, Leonardo Cárdenas, Elio Chacón; sumado al ^Síndrome de la Urraca^ que practicaban los alquimistas en la vieja franquicia roja para no hacer cambios de sus joyas a pesar de las ofertas múltiples y tentadoras de otras organizaciones.
Un día Los Rojos pusieron sobre la mesa de cambios a varias de sus estrellas, para que alcanzaran el grado con otras franquicias luego de varios años desperdiciados en la desolada e incómoda triple A de la época. Así iniciaron el ensamblaje final de ^La Gran Máquina Roja^
El primer encontronazo con su nuevo manager sucede llegando a baja California donde tenía Los Rojos la sucursal triple A. El manager del equipo Dave Bristol convoca a una reunión a Teodoro Obregón y Gustavo Gil.
En la reunión se toca un solo tema: Bristol quiere aclarar un rumor que le ha llegado por ^los Caminos Verdes^: —Tengo entendido que ustedes tenían montado un espectáculo aparte en Chatanooga…
—De una vez les advierto: —Esto no es un circo, acá se viene a jugar beisbol…
La sentencia de Bristol obedece a datos proporcionados por los ejecutivos del equipo, cuando recomendaron la promoción de Gustavo Gil y Teodoro Obregón por su performance la temporada anterior con el ascenso a la máxima categoría en ligas menores.
Llegan al equipo Padres de San Diego, sucursal triple A de Cincinnati. Sin embargo, ni Teodoro ni Gustavo le dan importancia a la extraña amenaza de Bristol.
Juegan su beisbol como suelen hacerlo, hasta que un día con una modesta presencia de fanáticos, con corredores en primera y segunda sale un roletazo por el medio del campo con intenciones de seguir rumbo al jardín central; de la nada aparece Obregón, toma la bola, de espalda se la entrega a Gustavo Gil quien en plena carrera con su elegante pivote envía un misil a primera para cerrar la entrada. Así cortan un rally que parecía definitivo en la inminente derrota.
La ovación a los dos venezolanos duró hasta que desaparecieron en el "dogout" felicitados por unos impresionados compañeros por lo que acababan de hacer. Bristol les dice a los venezolanos cuando esperaban su turno para bañarse:
—Antes de irse quiero hablar con ustedes dos…
Teodoro y Gustavo con caras de sorprendidos esperan un regaño del jefe Bristol. Sin embargo, este les felicita por la jugada y les dice a manera de permiso:
—OK muchachos, sigan jugando como ustedes lo han hecho siempre. Con sendas palmadas despide hasta mañana a estos dos fenómenos nacidos en Caracas.
Tuvimos la suerte de ver la magia de Teodoro Obregón y Gustavo Gil en la década de los sesenta, cuando defendían el cuadro interior de Industriales de Valencia junto a: Deron Johnson en la tercera y Lee May en la inicial, ambos compañeros en la misma franquicia americana.
Completaba la panoplia de los Industriales: Teolindo Acosta en el Jardín izquierdo, Ángel Scull en el central y ^el Lanza-Misil^ Luis Rodríguez en la derecha.
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