El reciente fallecimiento del legendario jugador de los Gigantes de Yomiuri Shigeo Nagashima, sin duda alguna la figura más querida e idolatrada en la historia del béisbol japonés, nos recuerda uno de los misterios más grandes que nos hemos encontrado en nuestra cobertura de la NPB.
Nagashima es la figura más querida del béisbol japonés
¿Cómo es posible que un pelotero cuyos números de por vida, por muy buenos que son, apenas llegan a la mitad de los registrados por su compañero de equipo Sadaharu Oh sea tan desproporcionadamente más querido que éste por los fanáticos japoneses?
No queremos insinuar con esto que Nagashima no se merezca la fama y el cariño de los que siempre gozó. Todo lo contrario, su carrera fue legendaria y sin duda alguna merecedora del puesto que le ganó en el Salón de la Fama local y de todos los reconocimientos adicionales que recibió durante su vida.
El punto que queremos destacar aquí es que los números y las hazañas logradas por Oh son tan abrumadoramente superiores a las de Nagashima que nos sorprende que el primero no sea el pelotero más querido y apreciado en la historia de la pelota nipona.
Nagashima debutó en la NPB en 1958 a los 22 años de edad y de inmediato lideró la Liga Central en anotadas (89), hits (153), dobles (34), jonrones (29), empujadas (92) y slugging (.578), razón por la cual fue nombrado Novato del Año del circuito.
En las 17 temporadas que vio acción como pelotero ganó 6 títulos de bateo, 2 de jonrones y 5 de empujadas, además de ser elegido al Equipo Ideal del año 17 veces. Adicionalmente, fue nombrado Jugador Más Valioso de la campaña en 5 oportunidades y de la Serie de Japón en 4 ocasiones.
En comparación. Oh ganó 15 títulos de jonrones (13 de manera consecutiva), 13 de empujadas y 5 de bateo, además de ganar 2 triples coronas ofensivas y ser elegido al Equipo Ideal 18 veces. Así mismo, fue nombrado Jugador Más Valioso de la temporada en 9 oportunidades, lo que es un récord mundial.
En lo que a números totales se refiere, Nagashima finalizó su carrera con 444 jonrones, 2.471 hits, 418 dobles, 1.522 empujadas, 1.270 anotadas y un promedio de por vida de .305. Oh, por su parte, lo hizo con 868 jonrones (récord mundial), 2.786 hits, 422 dobles, 2.170 empujadas (récord de la NPB), 1.967 anotadas (récord de la NPB) y un promedio de por vida de .301.
Oh es el pelotero japonés más famoso a nivel internacional
Internacionalmente, Oh es el pelotero japonés más famoso de la historia. Después de todo, ningún otro bateador se ha podido acercar a los 800 jonrones de por vida, mientras que Oh finalizó su carrera de 22 temporadas con un total de 868, cifra que parece muy difícil que alguien pueda superar en el futuro.
Cuando los medios norteamericanos y de otros países del mundo occidental hablan de las grandes figuras de la historia del béisbol japonés, Oh es siempre la primera referencia, pero ese no es el caso dentro de Japón, donde el primer nombre que aparece en la lista es el de Nagashima.
Existen un par de razones que explican la preferencia de los fanáticos japoneses por Nagashima. La primera es que su sangre era 100% japonesa, mientras que el padre de Oh era taiwanés y eso produjo que éste fuese constantemente menospreciado por no ser un japonés puro.
La otra, y quizás la más importante de ambas, es que Nagashima tenía una personalidad muy extrovertida. Siempre jugaba con mucha pasión, se lucía cada vez que podía sobre el terreno y se crecía en los momentos claves para ayudar a su equipo a ganar.
Quizás el logro más importante de su carrera fue el haber conectado un dramático jonrón para dejar sobre el terreno al equipo rival en el primer juego de béisbol profesional al que asistió el Emperador Hirohito, celebrado el 25 de junio de 1959.
El encuentro se extendió más allá de las 9 de la noche y el Emperador estaba haciendo sus preparativos para irse, pero nadie quería que lo hiciera antes de que se acabara el juego, por lo que el decisivo cuadrangular de Nagashima no sólo ganó el desafío para los Gigantes de Yomiuri, sino que además evitó que el Emperador se fuera antes de culminado el encuentro.
Oh, por el contrario, fue siempre mucho más humilde e introvertido que Nagashima. Se limitaba a hacer su trabajo, a hablar sólo cuando era necesario y a restarle importancia a todos sus logros, sin importar lo importante o históricos que fueran.
Sin embargo, estas dos razones no justifican por sí solas el desmesurado amor que sienten los fanáticos y los medios japoneses por Nagashima, cuya imagen, incluso hoy día, se puede ver en múltiples vallas comerciales tanto en el Tokyo Dome como en distintos lugares de la ciudad.
Whiting explica en El Bate y El Crisantemo el porqué los japoneses idolatran a Nagashima
La mejor explicación que hemos leído de este fenómeno la ofrece el escritor estadounidense Robert Whiting en su libro El Bate y el Crisantemo (1977), donde señala que la extrovertida personalidad de Nagashima era tan distinta a lo que normalmente se veía en el resto de los peloteros de la NPB que eso produjo que los fanáticos se enamoraran de él.
Desde nuestro punto de vista, existe una razón adicional que explica el amor desenfrenado que sienten los japoneses por Nagashima y tiene que ver con el colectivismo que domina la cultura local. Es decir, con la costumbre de suprimir los deseos individuales en beneficio del bienestar común.
Los japoneses aprenden desde que comienzan a ir a la escuela que todo debe hacerse pensando en el beneficio común y no en el individual y que los deseos propios deben ser relegados a un segundo plano para darle paso a las acciones que sean más ventajosas para toda la sociedad.
Es por eso que en una época en la que el país estaba empezando a recuperarse de la devastadora destrucción de la Segunda Guerra Mundial, el súper estrellato de Nagashima era lo que todos los japoneses aspiraban a alcanzar en el futuro.
Mientras la vida del ciudadano común estaba marcada por la pobreza, la escasez y el trabajo duro, Nagashima era apuesto, talentoso, millonario y además podía darse el lujo de satisfacer sus deseos individuales sin tener que sacrificarlos por el beneficio común.
Cuando se casó en 1965, su boda fue un evento de interés nacional y recibió mayor cobertura mediática que una boda real inglesa, y cuando se retiró como jugador en octubre de 1974, la ceremonia de despedida que se le organizó en el Estadio Korakuen también captó la atención de todo el país.
El amor ciego que generó Nagashima desde su debut en la NPB en 1958 ha sido tan grande y consistente a través de los años que siempre lo ha resguardado de las faltas más graves que cometió durante su vida, que fueron varias y de mucha importancia.
La peor de todas fue, sin duda, el haber llevado a los Gigantes de Yomiuri a terminar últimos en la clasificación de la Liga Central en su primera campaña como manager en 1975. A la fecha de hoy, esa es la única vez que el club ha cerrado la temporada en el último lugar de la tabla.
Nagashima ha sido el único manager en dejar a los Gigantes de Yomiuri en el último puesto de la clasificación
A cualquier otro manager, japonés o extranjero, lo hubiesen crucificado, pero por tratarse de Nagashima tanto los medios como los fanáticos se hicieron los locos y pretendieron que nada había ocurrido y que la falta no había sido tan grave.
Oh también llegó a ser manager de los Gigantes de Yomiuri y cada vez que se equivocaba tanto los medios como los fanáticos lo criticaban sin cesar, incluso si sus errores eran minúsculos en comparación a los que cometió Nagashima en su momento.
El ya mencionado escritor norteamericano Whiting, que tuvo la oportunidad de entrevistar tanto a Nagashima como Oh en sus casas en los años 80, describió hace no mucho en su blog personal lo radicalmente diferentes que fueron ambas experiencias.
Mientras que Oh mostró siempre humildad, respeto y agradecimiento por la entrevista que le estaban realizando, Nagashima hablaba hasta por los codos, no dejaba de resaltar sus logros y lo importante que era como persona y trataba a todo el mundo con condescendencia.
Obviamente, por tratarse de un amor ciego, no existe razonamiento en el mundo que vaya a cambiar la idolatría que los japoneses sienten por Nagashima, pero no cabe duda de que fuera de ese país Oh seguirá siendo la figura más importante de la historia del béisbol japonés.
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