Claudio Rodriguez Otero
La cuarta y última semana de nuestra presente visita a Japón estuvo marcada por las lecciones del terremoto de Kobe de 1995, más visitas a lugares históricos y turísticos, la exquisita comida japonesa y el contacto con un par de fanáticos japoneses que hablan español.
Visita a Nara
El lunes pasado visitamos Nara
El pasado lunes visitamos Nara, una pequeña ciudad ubicada al este de Osaka que fue la capital de Japón entre los años 710 y 784 y que cuenta con 8 grandes templos, santuarios y lugares históricos que fueron designados colectivamente como patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1998. Debido a lo pequeña que es la ciudad, se puede llegar caminando a la mayoría de los lugares importantes, pero si está haciendo mucho calor o frío, también hay autobuses y taxis disponibles. En esta ocasión, tuvimos la oportunidad de caminar por el Parque de Nara, que está repleto de ciervos que interactúan libremente con las personas, y visitar dos de los lugares más famosos de la ciudad: el Santuario Kasuga Taisha y el Templo Todaiji. El primero fue construido al mismo tiempo en que Nara se convirtió en la capital de Japón y está dedicado a la deidad responsable por la protección de la ciudad. Para muchos de los habitantes de la región es una obligación visitarlo para agradecer todo el bienestar recibido. El segundo es un templo budista que también fue construido en la misma época que el primero y es famoso porque alberga la estatua de bronce del Buda Vairóchana más grande del mundo. A diferencia de nuestra reciente visita a Kioto, en la que el intenso calor arruinó parte de la experiencia, en esta ocasión el clima estuvo bastante aceptable y la sombra de los árboles del Parque de Nara nos ayudó mucho a mantenernos frescos. Si tienen la oportunidad de visitar Nara, se los recomendamos ampliamente. Es una visita que se puede hacer en un sólo día con un viaje corto desde Kioto, Osaka o Kobe.
Paseo por Kobe
Esta semana la pasamos en Kobe
Kobe es nuestra ciudad favorita en Japón y ha sido desde el principio nuestro cuartel general de operaciones en el país. No tuvimos tiempo de visitar todos los lugares interesantes que tiene para ofrecer, pero sí los más icónicos. La estación de trenes de Sannomiya, en pleno centro de la ciudad, que está rodeada de restaurantes y centros comerciales; el Puerto de Kobe, donde está la famosa Torre del Puerto de Kobe, a la que se puede subir para disfrutar de una inigualable vista de la ciudad, y donde también se pueden tomar pequeños cruceros que ofrecen giras cortas por su bahía; Harbourland, que está justo al frente del Puerto de Kobe y posee un pequeño centro comercial con restaurantes que ofrece una vista muy agradable tanto del puerto como de la ciudad; y el famoso Puente Akashi-Kaikyo, que une al extremo oeste de la ciudad de Kobe con la pequeña Isla Awaji. Su construcción fue completada en 1998 y se convirtió en ese momento en el puente colgante más largo del mundo. En 2022, pasó a ocupar el segundo lugar en la lista luego de que se construyera uno más largo en Turquía. A pesar de ser relativamente pequeña, Kobe es una ciudad muy hermosa. Posee la Montaña Rokko de un lado y el mar del otro y todas las comodidades de las grandes urbes japonesas, además de fácil y rápido acceso a Osaka y Kioto, si hace falta. La comida que ofrece es maravillosa (la carne de Kobe es de fama mundial, si bien es bastante cara) y los productos que se pueden comprar en ella son de excelente calidad, especialmente zapatos, ya que muchos de ellos se fabrican localmente. Si a eso sumamos el bajo costo de todo debido a la debilidad del yen, Kobe se convierte en un paraíso para todos sus visitantes.
Las lecciones del Gran Terremoto de Hanshin-Awaji
El terremoto de 1995 destruyó buena parte de Kobe
A las 5:46 de la mañana del 17 de enero de 1995, un terremoto de magnitud 6,9 azotó la ciudad de Kobe y la parte norte de la Isla Awaji, causando daños materiales considerables en ambos lugares y la muerte de 6.434 personas. La primera vez que visitamos Japón, en enero 1999, vinimos precisamente a Kobe y a pesar de que una gran parte de la ciudad había sido destruida por el terremoto apenas 4 años antes, en ese momento no vimos ni un solo rastro de lo que ocurrió en aquella oportunidad. Ya todo había sido reconstruido, limpiado y organizado. En ese momento, visitamos un museo dedicado a la tragedia, que en aquella oportunidad estaba ubicado en la Isla Awaji, donde todavía se puede ver la fractura que causó el terremoto en el suelo. Sin embargo, desde entonces el museo ha sido mudado al centro de la ciudad de Kobe, donde está ubicado ahora en un moderno edificio de cristal. La exhibición sigue siendo tan impresionante como siempre e incluye no sólo imágenes de los daños causados por el terremoto y los testimonios de los sobrevivientes, sino también una explicación detallada de cómo y porqué ocurren este tipo de desastres naturales y qué se debe hacer en el caso de que uno se vea afectado por uno de ellos. Investigaciones y autopsias realizadas después de la tragedia revelaron que muchas personas murieron luego de ser golpeadas por objetos dentro de sus propias casas. Debido a ello, la mayoría de los muebles y aparatos electrodomésticos locales vienen ahora con un sistema que permite asegurarlos a la pared de las casas, de manera que no se caigan o no se muevan en caso de un terremoto. Así mismo, todas las nuevas edificaciones que han sido construidas desde entonces también son mucho más resistentes a los movimientos sísmicos, de manera que no colapsen en caso de un terremoto. No se trata de una visita placentera, sin duda, pero sí de una experiencia muy educativa que nos permite entender mejor los desastres naturales y nos enseña qué hacer en caso de que nos veamos afectados por uno de ellos.
Tonkatsu, Kura Sushi y más comida japonesa
Tonkatsu es nuestro plato japonés preferido
Nuestra gira culinaria por la cocina japonesa continuó esta semana con varios platos más que queríamos probar pero no habíamos tenido la oportunidad de hacerlo hasta ahora, empezando por el Tonkatsu, que es nuestro plato favorito de la cocina local. Se trata de cerdo frito empanado, que viene acompañado de repollo, arroz blanco y sopa miso, además de una salsa especial llamada salsa de tonkatsu. Lo comimos, además, en una cadena de restaurantes llamada KYK, que se especializa precisamente en ese plato, por lo que la experiencia fue fenomenal. La carne de cerdo en Japón es de altísima calidad. Tan como ocurre con la famosa carne de Kobe, en la que las vacas reciben una dieta especial y viven en un ambiente de bajo estrés para lograr que su carne sea muy suave, lo mismo ocurre con los cerdos y el resultado es increíble. La carne de cerdo en Japón es muy suave y jugosa y eso se hace evidente cuando uno come Tonkatsu aquí, en comparación al que se puede probar en otros países. También fuimos a un sushi-bar económico llamado Kura Sushi, que ofrece sushi de alta calidad a muy bajo precio. Se trata de una experiencia muy divertida, porque uno puede tomar los platos de sushi que están disponibles en la correa que se mueve enfrente de las mesas o simplemente ordenar a través de una tableta el sushi que uno quiere y el mismo es enviado a su mesa por una correa diferente. Además, hay un grifo de agua caliente en la propia mesa para preparar todo el té verde que uno desee tomar y el menú no sólo ofrece sushi, sino también otros platos típicos japoneses como fideos e incluso postres como frutas y helados. Al final, se cuentan todos los platos que uno consumió (la mayoría cuestan alrededor de un dólar y 20 centavos), más los que uno ordenó individualmente y así se saca la cuenta. También comimos algo llamado Hamburger Steak, que es otro de nuestros platos favoritos de la comida local, en un restaurante familiar llamado COCO’S. Se trata de un bistec de carne molida, o una hamburguesa sin pan, como prefieran verlo. La carne, que normalmente es una mezcla de carne de res y carne de cerdo, es muy sabrosa y viene acompañada de vegetales, arroz blanco y sopa. Lo recomendamos ampliamente.
Contacto con fanáticos japoneses
Los fanáticos de Yakult han estado homenajeando a los jugadores venezolanos por más de 40 años
Finalmente, esta semana también tuvimos contacto con un par de fanáticos japoneses que hablan español que se tomaron el tiempo de enviarnos un mensaje para felicitarnos por el trabajo que realizamos en nuestra página Béisbol Japonés.com y también en nuestro podcast La Hora del Béisbol Japonés. Este tipo de mensajes siempre nos hacen muy felices porque constituyen el mejor cumplido que jamás pudiésemos recibir por nuestro trabajo. Esto es el equivalente a que un grupo japonés de salsa sea reconocido y aplaudido por los mejores y más famosos grupos de salsa del Caribe. Eso prueba, sin duda, que estamos realizando un buen trabajo. El primero de los dos fanáticos que nos contactaron fue Takeru Mio, un joven de 24 años que aspira a trabajar como intérprete de español en un equipo de la NPB y que ya tiene experiencia trabajando en ese rol en la Liga del Norte de Coahuila en México. Tuvimos la oportunidad de encontrarnos con él personalmente y confirmar no sólo que su español es bastante bueno, sino que también su deseo de trabajar en la NPB como intérprete de español es muy sincero. Le deseamos la mejor de las suertes en su búsqueda y le dimos todos los consejos que se nos vinieron a la mente para ayudarlo. El segundo fue un señor mayor llamado Kosuge, quien ha sido fanático de las Golondrinas de Yakult durante toda su vida y que quedó muy conmovido con la entrevista que le hicimos recientemente al venezolano José Osuna. El señor Kosuge nos escribió un mensaje largo en el que nos explicó con detalle cuándo se empezó a utilizar el himno nacional de Venezuela como parte de las canciones de ánimo de los peloteros de Yakult y cuándo comenzaron a aparecer las banderas de Venezuela en las gradas de los estadios japoneses. Su mensaje completo lo leímos en el episodio de ayer de nuestro podcast La Hora del Béisbol Japonés, que los invitamos a que escuchen para que conozcan todos los detalles de la historia. Nuestro más sincero agradecimiento a Takeru y Kosuge por habernos contactado y por sus palabras de aliento con respecto a nuestro trabajo.
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