Diómedes Antonio Olivo Maldonado, conocido en el béisbol como "Guayubín", nació el 22 de enero de 1919 y es recordado como una de las figuras más singulares en la historia del béisbol dominicano. Su nombre quedó grabado en los libros de récords por debutar en las Grandes Ligas a los 41 años, convirtiéndose en el segundo jugador de mayor edad en estrenarse en MLB, solo detrás del legendario Satchel Paige. Lanzó durante tres temporadas en las Grandes Ligas entre 1960 y 1963 con los Piratas de Pittsburgh y los Cardenales de San Luis, logrando cumplir un sueño que parecía imposible por su edad y las circunstancias de su época.
Antes de llegar a las Mayores, Olivo había forjado una extensa y respetada carrera en el béisbol del Caribe y de Colombia, donde se convirtió en un verdadero ídolo. En 1946 formó parte del equipo dominicano que participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, Colombia, junto a figuras como Tetelo Vargas y Vicente Scarpatte. Tras aquel torneo, varios jugadores decidieron quedarse en territorio colombiano, sentando las bases del desarrollo del béisbol profesional en ese país. Olivo fue una de las figuras principales de ese movimiento y se consolidó como uno de los lanzadores más dominantes de la región.
En Colombia brilló con el equipo Filtta de Barranquilla, con el que fue campeón en 1949 y lideró la liga en ponches en dos temporadas consecutivas, confirmando su dominio monticular. Aquellas actuaciones lo llevaron a ser firmado como amateur en 1955 por los Cincinnati Redlegs, abriéndole finalmente las puertas al béisbol organizado de Estados Unidos. Su constancia y disciplina le permitieron, contra todo pronóstico, llegar a las Grandes Ligas en 1960, cuando ya muchos jugadores están retirados.
En la Liga Dominicana dejó una huella aún más profunda vistiendo los uniformes de los Tigres del Licey y los Leones del Escogido, ganándose el apodo de "La Montaña Noroestana" por su presencia imponente y su dominio desde el montículo. Fue considerado uno de los lanzadores más respetados de su generación, admirado por su temple, control y durabilidad.
Olivo también formó una familia de lanzadores, siendo hermano mayor de Chi-Chi Olivo y padre del pitcher Gilberto Rondón, extendiendo su legado al terreno familiar. Falleció en Santo Domingo el 15 de febrero de 1977, pero su historia continúa siendo una de las más inspiradoras del béisbol caribeño, símbolo de perseverancia, talento tardío y grandeza construida fuera de los focos tradicionales de las Grandes Ligas. #fblifestyle
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