José Manuel Morales, nacido en las Islas Vírgenes, es recordado en la historia del béisbol como uno de los bateadores emergentes más prolíficos y técnicos que han pisado un diamante. A pesar de haber pasado casi una década en las ligas menores debido a sus limitaciones defensivas como receptor, Morales transformó esa adversidad en una especialización letal: el arte de batear saliendo del banco bajo presión. Su disciplina y capacidad de contacto lo convirtieron en un recurso invaluable para cinco equipos de las Mayores, destacando especialmente con los Expos de Montreal y los Mellizos de Minnesota.
Su año cumbre fue 1976, cuando estableció un récord para las Grandes Ligas al conectar 25 hits como bateador emergente en una sola temporada, una marca de pura precisión que se mantuvo vigente durante casi dos décadas. Morales no solo era un bateador de momentos aislados; era un profesional del contacto que promedió .287 de por vida y ponchó apenas al 13% de sus rivales, demostrando que su entrada al cajón de bateo era garantía de un turno de alta calidad. Esta maestría lo llevó a batear sobre la marca de los .300 en cinco temporadas diferentes, consolidándose como el "arma secreta" de sus mánagers.
En Puerto Rico, Morales es una leyenda absoluta de la Liga Invernal, donde jugó por más de dos décadas y dejó un promedio impresionante de .290 con 84 cuadrangulares. Es miembro del selecto grupo de jugadores que lograron superar la mítica barrera de los .400 en una temporada boricua, una hazaña que consiguió con los Senadores de San Juan en la campaña 1968-69. Tras su retiro en 1984, su profundo conocimiento del swing lo llevó a una exitosa carrera como instructor de bateo en diversas organizaciones, compartiendo con las nuevas generaciones los secretos de un arte que él dominó como pocos. #fblifestyle #puertorico
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