lunes, 23 de febrero de 2026

Vitico jugó para Pompeyo

Tomado del historiador Javier Gonzalez 
@javiergon56 VITICO, UN FENÓMENO
23 de febrero de 1977: Vitico Davalillo, de 38 años, viajó a México para jugar su cuarta temporada en ese país. Esta vez con el club Rieleros de Aguascalientes, cuyo mánager era su hermano Pompeyo. Con ese equipo, para variar, Vitico se erigió campeón bate (.384) en esa campaña. Se sabe que Víctor Davalillo no podía resistirse a tomarse un trago y, a veces, a embriagarse, pero aún así cumplía con sus compromisos. Cuenta su hermano Pompeyo, que el equipo mexicano llegó al final de la temporada dependiendo de un triunfo para pasar a la semifinal, pero no contaba un pitcher abridor para ese importante encuentro. Entonces Vitico le dijo, hermano, yo mismo soy. Déjame abrir ese juego el domingo. Pompeyo dudó y Vitico insistió: ¡dame la bola hermano!
Pompeyo accedió. Al día siguiente, llegó el dueño del equipo y le preguntó al mánager ¿Quién lanza mañana? Vitico, respondió Pompeyo. ¿Usted cómo qué está loco? Entonces no vengo, creo que ustedes de verdad se volvieron locos, ese público nos va a matar. Cuenta Pompeyo que ese año, "para ahorrarse la plata del hotel, Vitico se alojaba en mi cuarto. Era bueno porque así no parrandeaba tanto. Esa noche jugamos dominó y barajas y me fui a la cama como a las once de la noche. Me desperté en la madrugada y Vitico no estaba. ¡Ay Dios!, el pájaro voló, dije. Comencé a asomarme por esa ventana y nada. En la mañana temprano bajé al restaurante, pregunté si estaba por ahí y un mesero me dijo: vaya a la piquera, así llaman en México a las líneas de taxis. Me dirijo hacia ese lugar, cerca del hotel y uno de los taxistas me dice: Oiga Pompi, Vitico está ahogao, ¿Cómo que ahogao?, y le pregunto: ¿Dónde? y agrega: en la zona. Ahogao en México quiere decir que está borracho. Lo encontré completamente ahogao, bailando en una mesa y cantando con los mariachis. Con esa pea me dijo: me voy a las nueve para el estadio. Llegan las diez, las diez y media y Vitico nada que llega. Hice mi lineup con Vitico como pitcher y sexto bate. Once y veinte, me dicen: llegó Vitico. Pero está completamente rascao. Estaban entregando las alineaciones cuando salió al campo, amarrándose la correa y corriendo para darle una vuelta al campo. Cuando pasó por la cueva del Puebla, se pasó el dedo índice de la mano derecha por el cuello. Están pelaos, les dijo y la gente se reía. No calentó en el bullpen sino en la caja del pitcher. Sacó el primer inning uno-dos-tres, cayéndose. Y a partir del segundo episodio mostró una recuperación increíble, era un fenómeno. Viene Vitico a batear en el segundo inning con dos compañeros en circulación. Viendo hacia la cueva del Puebla y con la mano izquierda señalando hacia el bosque derecho, anticipó que batearía hacia ese sector. ¡Compadre!, sacó la bola por el rightfield, para colocar el marcador 3-0. Sigue lanzando y vuelve a meterle cero y cero. Va a batear en su segundo turno y liga doble con uno en base. Total, ganamos 7 a 0, Vitico empujó 5 y el primer hit que salió de los bates del mejor equipo en la liga, se lo dieron en el octavo inning. Ganó y lo sacaron en hombros. El dueño del equipo, que me había prometido que no iría al estadio, se apareció en el sexto inning. Y al terminar el juego alzó y besó a Vitico. Foto cortesía de 
@GermnJRivas1

No hay comentarios:

Publicar un comentario